Nacer en Sudán del Sur es un condicionante. El estado más joven del mundo es, también, el más pobre. Al menos, así lo indica el ranking del PNUD (2023) que mide el índice de desarrollo humano por países. Sudan del Sur tiene una altísima tasa de fecundidad, pero 1 de cada 7 mujeres corre el riesgo de morir por causas relacionadas con el embarazo. Las distancias y la precariedad de infraestructuras sanitarias provocan que apenas un 20% de los partos sea atendido por personal cualificado. La mortalidad neonatal es de 39 por cada 1.000 nacidos, 63 morirán durante los primeros doce meses y 98 no llegarán a cumplir los cinco años. Según NNUU, Sudán del Sur es uno de los lugares más peligrosos para dar a luz.
Las guerras tampoco ayudan. Después de décadas en conflicto con Sudan, Sudán del Sur volvió a caer en la misma trampa de la guerra civil al poco de adquirir su independencia en 2011. En 2018, fecha en la que se sitúan estas imágenes, todavía quedaban dos largos años hasta conseguir un alto el fuego. El hospital se convierte así, no solo en un centro de atención sanitaria, también, en un refugio. Y especialmente la maternidad. Médicos del Mundo así lo entendía en el proyecto de cooperación con el hospital de la ciudad de Bor, situado en la orilla del Nilo Blanco. Un espacio de vida obstinado en doblegar esas tozudas estadísticas de muerte.