Si nacer en Sudan del Sur es un condicionante, crecer es todo un reto. A las estadísticas mencionadas en las imágenes de la serie “Nacer” habría que añadir todas las variables que suponen la eventualidad de crecer en uno de los países con menor esperanza de vida del mundo. Superados el primer gran reto de los cinco años, los niños y niñas de Sudan del Sur afrontan un pronóstico ciertamente desfavorable: un 70% abandonará la escuela; más de la mitad de las niñas se casarán antes de la mayoría de edad y casi la mitad de los chicos se verán obligados al trabajo infantil; el 40% de la infancia apenas tendrá acceso a agua segura y un 30% sufrirá desnutrición.
Muchos estarán expuestos a enfermedades prevenibles y tratables que tampoco se lo pondrá fácil: malarias, neumonías o diarreas, además de los temidos brotes de cólera, hepatitis o sarampión. Poder acceder a un centro sanitario puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, pero también, la disponibilidad de personal médico cualificado o la accesibilidad a medicamentos. El hospital de la ciudad de Bor, no obstante, intenta responder a esta obtusa realidad cotidiana, especialmente en el módulo pediátrico, donde la enfermedad es más injusta y dolorosa. Largos días de hospital en los que, cuando faltan médicos y medicamentos, los cuidados familiares se vuelven absolutamente esenciales.