El martes 12 de enero de 2010 el reloj se paró a las 16.53h en la capital de Puerto Príncipe. Datos oficiales cifraron en 316.000 personas fallecidas, 350.000 heridas y más de 1´5 millones sin hogar en un país de apenas 11 millones de habitantes, el más pobre de América. Fue un terremoto, pero llovía sobre mojado. Haití parece sufrir de una maldición existencial. Fue el primero en independizarse en toda la región latinoamericana y del Caribe, quizá por ello padece de un intervencionismo crónico. Los desastres naturales poco ayudan a una economía colapsada de un país en pleno proceso de degradación institucional, con su capital sumida en el caos gobernado por bandas criminales.
Pero aquel 12 de enero pudo ser su punto de inflexión para resurgir de las cenizas. Haití se convirtió en el centro de la atención internacional con ayuda masiva de fondos. El país se onegeizó y se inició una reconstrucción dirigida por agencias internacionales. En esas, una mala cagada de Naciones Unidas, es decir, aguas residuales de una base de Cascos Azules introdujeron una cepa infecciosa procedente del sur de Asia. No había terminado el año 2010 y a la cifra anterior empezaron a sumarse miles de muertos. También más equipos internacionales para intentar frenar lo que acabó siendo la peor epidemia de cólera de los últimos 100 años.
Médicos del Mundo fue uno de ellos. Con base en Puerto Principe y Petit.Goave readaptaron su intervención tras el terremoto para ser parte de la respuesta sanitaria ante la epidemia. En ese contexto se enmarcan estas imágenes de los diferentes CTC´s (centros de tratamiento de cólera) en los que trabajé como logista para MdM durante los primeros meses del año 2011. El más exigente, sin duda, el de Lefort, una remota localidad de montaña en el Oeste de Haití a la accedimos con helicóptero y que demostró ser un verdadero ejemplo de participación comunitaria en respuesta ante la aparición de numerosos casos de cólera. Las fotos forman parte de una exposición más amplia bajo el título de Haití, hasta cuándo.